¡O aprende o aprende!, ¿Qué decir o que hacer? Es algo difícil en verdad decidir en este momento porque en verdad no fue que haya resuelto aprender a escribir porque me naciera sino porque realmente me exigieron que lo hiciera. Un señor alto joven de bigote negro y algo espeso que se hizo llamar mi papá empezó a alegrarse con el hecho de que su hija pronto entraría a la escuela, pues, al año siguiente cumpliría 4 y ya estaría en edad suficiente para montarse en el avión del aprendizaje. Algo que para ella por su pequeñez no era tan importante pues realmente lo único que le importaba en verdad era ver como jugaba con su familia de ositos y como podía según ella peinar a todas sus muñecas que por cierto hartas si eran.
Al día siguiente el fui diciendo y fue asiendo, así que, trajo consigo un cuaderno y un lápiz da marca mongol largo y mu amarillo por cierto para que su pequeña empezara a dar sus nuevos y definidos trazos ante el mundo de las letras escritas por ella misma. Con anterioridad Viviana ya había empezado a practicar pues al igual que su padre su joven madre también quería ver a su hija hundida en el mundo de los libros, de los cuadernos, de los colores y las crayolas asi que en pequeños pedazos de papel que no servían para nada solo para ser echados en la basura Viviana intentaba expresar por medio de sus mamarrachos lo que para ella era un sol, unas montañas, el perito de la casa … en fin toda cuanta cosa fuese pasando por la cabeza de su madre sin importar que también y parecido este fuera. Así que cuando su señor y amado le entrego a su pequeña ese cuaderno de 200 pesos comprado en la tienda doble línea y su lápiz mongol amarillo pollito tal vez pesaba mucho más que las hojas dadas por su mama pero no lo suficiente como para aplastar los deseos que muy en el fondo habían en Viviana de aprender a escribir. Rayita, palito, rayita palito, bolita, bolita, bolita, bolita, sube y baja, sube y baja; cosas semejantes a las anteriormente nombradas era lo que Viviana repetía una y otras vez a partir del día siguiente pues con su padre era diciendo y efectuando de una vez sin importar que fuese la hija más pequeña de la casa lo único que él tenía en mente era el futuro que ella podría tener si desde un principio se le enseñaba a querer el estudio y a preocuparse por cosas tan poco importante tal vez para la mente de Viviana en ese momento por ser una niña dedicada a sus muñecas por su edad pero que realmente si importaban si se quería que yo fuese lo que soy hoy, una estudiante dedicada y no alguien sin ton ni son.

Pronto ya dejaron de ser simples rayitas o palitos que no llegaban a formar mas allá de un simple circulo mejor estructurado o de una línea vertical u horizontal no tan torcida, a unos palito y pelotitas mas unidos que formaban lo que los grandes llamaban como la primera letra del abecedario o sea la “a” o que si el aplito era más largo hacia abajo era la “p” o una “q” dependiendo si el palito iba adelante o atrás de la pelotita. A los pocos meses esta pequeña alumna ya empezó a transcribir textos en donde el amor y la felicidad eran los temas principales, Caperucita Roja, La Bella Durmiente o Blanca Nieves y los Siete Enanitos todos bien escritos sin ningún error pues su joven padre le encantaba que lo que uno hiciera debía siempre tratar de que estuviera más que perfecto así que su hija no podía hacer la excepción del momento.
Poco a poco las tablas como me enseñaron a llamarlas empezaron a ser mas pesadas pues, el numero y la cantidad empezaron a aumentar y sin importar cual falta un pudiese cometer ya fuera porque le había de manera menos agresiva intentado ventar la madrecita a alguien debía como castigo que tener lista un plana completa de 300 o 400 veces escrito lo que mi padre había ordenado. Ya fuera “debo respetar a mis mayores cuando están hablando” u otra como “No debo responderle ni rezongarle a mi mamá cuando ella me envía hacer algo”.
Así empecé a hacer la letra mas redondita y una vez llegada la hora de ir a clase coquito y demás cartillas que me acompañaban contaban cuantas veces debí hacer planas con el fin de aprender a escribir no solo lo que mi señora maestra o profesora me mandara, sino también con el paso del tiempo a plasmar por medio de mis garabatos como siempre los he llamado lo que mi corazón el señor que todos los días hace tun tun siente día tras día.

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